La gota

En su frente se empiezan a formar pequeños cúmulos de agua, producto de la sudoración de la piel por culpa del calor propio de una chimenea crepitante. Primero en pequeñas porciones que no llegan a ser gotas pero que, con el calor y el paso del tiempo, se van acumulando cada vez más y más entre si hasta formar pequeñas gotas saladas en todo el contorno de la frente y cara. Poco a poco van creciendo hasta ser tan pesadas y robustas que no pueden ya sostenerse erguidas por su propia fuerza, y sin otra opción se dejan caer, deslizándose por la superficie húmeda y brillosa de la piel que las vio nacer. Rodando por la frente, la sien, pasando por los pómulos y las mejillas y llegando cada vez más aceleradamente a la quijada. Para luego con un suspiro, desprenderse de la piel que ya no es suya, y dejarse caer al vacío y entrar en una especie de trance hasta llegar al suelo.
Y dependiendo de la distancia en que éste se encuentre, la caída podría ser lenta y deliciosa o violenta y bañada en éxtasis y adrenalina. Y al tocar el suelo, en sólo un instante, imágenes se presentan como flashes de esa vida efímera que comenzó en la frente, como acumulación de sudor y llegó a ser independiente al desprenderse por aquellos pocos segundos hasta fundirse con el suelo.
Su futuro depende de la superficie con la que se encuentren allí abajo. Si es un medio líquido, aquella gota pasará de ser un simple y pequeño cúmulo de sudor a formar parte de un charco, un lago o laguna, y solo aquellas que tengan suerte llegaran a formar parte de un mar, un océano. Dejando así de ser pequeñas gotas de agua para pasar a formar parte de un todo mucho más grande e importante, una especie de sociedad, de masas, donde las individualidades ya no importan.
Pero en cambio, si corren con menor suerte y llegan a una superficie lisa, seca, las gotas quizás se queden unos instantes conservando su forma por milésimas de segundo, hasta reventar y desarmarse en mil pedazos hasta dejar de existir. Hay quienes, con una mirada más positiva, creen que esas micro partículas pueden llegar a ser el agua que riegue los campos áridos de tierra seca y agrietada, y hagan crecer la fresca hierba. Entendiendo así que nada se pierde y todo se transforma, y que una cosa, por más pequeña que sea pasa a ser parte de otra mucho más grande con otro propósito e importancia.

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