A Roma

He andado mil caminos
y mil caminos he errado.
Pero sigo de pie ante la adversidad.
Es que nunca sabemos
que nos depara el futuro,
y es esa inquietud
la que nos empuja hacia adelante.
Luego la marea nos retempla,
en su vaivén interminable,
como la vida y sus tropiezos.

No hay nubes más allá de los caminos
que nos frenen la marcha,
no hay glaciares centinelas
que nos enfríen el pecho.
No hay subtes que no nos lleven,
no hay lluvias que no nos mojen,
no hay sueños que nos desvelen
ni pesadillas que nos acunen.
No hay sentir sin sentido,
no hay dolor que no pase.

No hay plantas marchitas,
no hay besos opacos.
Solo quedan mil caminos por andar
y mil caminos por errar.


Pero tranquilos,
todos ellos nos llevan a Roma.

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